Google+ jodida y radiante: quedarse

Alíñame

Alíñame
por si me necesitas mona lisa


la luna corresponde a los locos

y no puedo competir...

así que sólo espero que ella no me quiera




porretas

...

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Diana frank. Con la tecnología de Blogger.
relato (14) foto (4)
27 mayo 2008

quedarse

-Jo, no te vayas, que no estoy acostumbrada...
-Termina las frases.
-No, que no quiero que me conozcas.
-¿Y quieres qué me quede?
-¿Por qué no?
-¿Tú te entiendes?
-Yo sí, perfectamente, ¿quieres quedarte?

-¿A qué?
-Si me haces una pregunta más te callo la boca.
-Bueno... Para que me calles no me quedo.
-Follo bien.
-¿Tú te escuchas?
-A ver..., ¿qué he dicho? Que follo bien. Sí, me escucho.
-Cuando acabas de conocer a alguien no le cuentas lo bien que follas y menos si él es mejor amigo de tu novio.
-Ya lo sé, sólo te estaba poniendo a prueba.
-Ah...
-No has puesto cara de salido.
-Perdona, no pulsé el botón.
-Ven, siéntate, has dicho que te quedabas...
-Si prometes no ponerme más a prueba.
-Yo no prometo nada.
-Pues me voy.
-No seas crío.
-Joder tía.
Y el chico resoplando se sienta en el único sofá que hay en la casa, a dos palmos de ella, a dos palmos de una chica en bragas y camiseta, bonitas piernas se dice, no puede tocarlas.
-Él me ha mandado a buscarte.
-¿Y por qué no ha venido él?
-Se ha quedado con los otros en el bar.
-No mientas, lo chicos buenos no saben mentir. Ya sé que se folla a la camarera.
Ella se empieza a hacer un porro, él sigue callado.
-Vas a pasar toda la noche conmigo.
-Sólo hasta que te duermas y se te olvide el capullo novio que tienes.
Y la chica alza la vista de la china, sonríe, él la mira y repite:
-Sólo hasta que te duermas.
-No lo sabes, ¿a qué no lo sabes? -le pregunta cogiendo entre sus dedos con la mano libre un trocito de la camiseta.
-Vuelves a dejar las frase a medias.
-No lo hago, sólo es que aún no puedes saberlo.
-¿El qué?
Ella sigue con el trocito de camiseta entre sus dedos, tirante, él se ha acercado un poco más para que no se la rompa o quién sabe, superponiendo su manos a esa mano que tira.
-Follo bien -repite. Él la mira.
-No lo dudo pero sólo lo dices porque estás puesta de algo.
-Yo no me pongo.
-Tus pupilas sí.
-¿Quieres?
-No, esta noche no.
-Sí, esta noche sí
-Puedo entender que estés jodida, no me iré. -añade a modo disculpa, ciertamente suena a disculpa -Sí tu novio te deja así, yo no.
-No mientas, te quedas porque no has podido dejar de pensar como sería follar conmigo.
-Suéltame.
-Suéltame tú.
La mano del chico deja de superponer la otra mano, la camiseta sigue tirante, tira más, la chica fuma cuidadosamente para el escaso espacio q tiene entre su boca y la otra boca.
-Suéltame -suplica el chico, que ya no se cree nada de lo que pide.
-Si no quieres...
-Joder.
Tras esta palabra que tan viene al caso, él sólo la mira y ya lo sabe:
-¿Lo sabes? -pregunta ella -¿Lo sabes?
Ya no necesita retenerle, le suelta la camiseta que ha quedado llena de arrugas por esa decisión tan firme y una mano tan pequeña. Ella apoya el porro en el cenicero y se incorpora del sofá, él no se ha movido. Hace mucho que la espera. Una ultima calada más y se desprende de lo poquito que tiene, camiseta y bragas, desnuda, frente a él:
-Vas a follarme porque ya lo sabes.
Comienza a apoyarse con las piernas abiertas, se sienta en sus piernas cerradas y le quita la camiseta dada de sí.
-Ya lo sabes.
Y muerde su pezón izquierdo siguiendo con el derecho.
-Bésame -susurra él.
-¿Dónde? -interpela ella, que sin esperar repuesta desabrocha cada uno de los botones de su vaquero, se levanta otra vez y el chico pasivo sentado en sofá, en un deyavi, no lleva más que una cadena de plata al cuello mientras ella de rodillas en el suelo succiona su pene erecto.
-Para -ordena desprendiendo con fuerza la cabeza de la chica.
-Vamos a la cama.
-Él es mi amigo...
-No -niega ella mientras él le sujeta la cara. -Él no es amigo de nadie, sólo nos usa.
Ahora sí que lo sabe, pues claro que lo sabe, no tiene más que mirarla para saberlo. De rodillas, de rodillas no, ella no. Se deja resbalar por el sofá y de rodillas los dos, dos perfectos desconocidos, se besan en los morros. Los brazos, las manos y las pasiones se unen.
-Yo te conozco, le conozco a él.
Ahora es la cabeza del chico la que reposa en su regazo, en sus senos, ella juega con las yemas por su pelo, le despeina.
-Antes de meterla, antes, tienes que decirlo.
-No puedo darte más.
-Puedes dármelo todo.
-¿Lo quieres?
Él con gesto serio, diríamos, angustia, preocupación, abandono, deseo, aparta los mechones castaños que tapan aquellas pupilas tan grandes y espera.
-Desde que has entrado por esa puerta.
-Me quedaré esta noche.
-Te quedarás más.
La chica siempre parece aceptar.
En sueños se la oye murmurar “Lo sabes, claro que lo sabes, no quieres quererme pero ya me quieres” “...”

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